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La ofrenda a la Mare de Déu dibuja las calles de València de seda.

La ofrenda de flores a la Virgen de los Desamparados, patrona de València, es la mayor expresión de devoción de todo el calendario festivo fallero. El acto más emotivo y especial que llena las calles de color, de flores y de seda. Esa seda tan importante para la historia de la ciudad de València.

“Es una explosión de colorido, que es lo más bonito. Toda la gente que viene y la ve por primera vez se queda maravillada. Es un evento imprescindible para conocer la seda valenciana en su máximo esplendor por la cantidad de gente que desfila y la variedad que hay en ella”, afirma Vicente Genovés, presidente del Colegio del Arte Mayor de la Seda de València.

Tiene su origen a principios de los años 40, aunque su año de instauración definitivo fue en 1945. En 1957 ya eran más de 10.000 personas las que participaban en este acto. Desde entonces, y hasta el día de hoy, los participantes se han ido multiplicando. Actualmente, más de 130.000 falleras, falleros, casas regionales y bandas de música participan en la ofrenda.

Cada año, los días 17 y 18 de marzo, las calles se convierten en una auténtica pasarela en la que se luce toda la indumentaria valenciana y todas las sedas. Jornadas en las que las calles de València se dibujan con damascos, brocados, brocateles, sedas y espolines. Y, como en todas las pasarelas, también aquí hay tendencias y modas. “Los dibujos son clásicos. La inmensa mayoría, históricos. Donde siempre hay innovación es en los colores”, comenta Genovés.

Una de las mayores expresiones de la seda valenciana tiene su reflejo en los tejidos espolinados de la indumentaria. El proceso de producción de este tejido se realiza de forma artesanal, sin ningún tipo de mecanización, y se cuida hasta el último detalle.

“De todos los tejidos, la máxima expresión la protagoniza el espolín, un tejido exclusivo, único, elaborado de manera artesanal en un telar Jacquard manual. La cantidad de colores y las posibilidades de personalizar cada tejido se dan gracias a la elaboración manual”, indica Vicente Genovés.

Desde 2016, las Fallas son Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad y eso le ha aportado más notoriedad a la fiesta y, en consecuencia, a las sedas valencianas. Tanto es así que ya hay grandes diseñadores de la moda que compran este tipo de tejido para emplearlo en sus colecciones.

“Lo más importante es que la seda está viva en Valencia gracias, en parte, a la fiesta de las Fallas”, concluye el presidente del Colegio del Arte Mayor de la Seda.